DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO Día sexto
DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO
Día sexto
El Espíritu ora en nosotros
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Ven, Espíritu Santo, huésped del alma.
Tú que vienes en ayuda de nuestra debilidad, enséñanos a orar, permanece en nuestro corazón y conduce nuestra pobreza hacia el Padre.
Palabra de Dios
«El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad» (Rm 8,26).
Meditación
Muchas veces no sabemos orar. Las palabras se vuelven pobres, el corazón se distrae y la fe parece apagarse. Hay días en que la oración se hace árida, como si Dios permaneciera lejos.
Pero precisamente ahí comienza la obra escondida del Espíritu. San Pablo dice que Él viene en ayuda de nuestra debilidad. No solamente nos enseña a orar: ora en nosotros. Gime en nosotros con gemidos inefables y conduce lentamente nuestra pobreza hacia el Padre.
La verdadera oración no nace primero del esfuerzo, sino de una presencia. Antes de buscar a Dios, Dios ya nos estaba buscando. Antes de levantar el corazón, el Espíritu ya estaba habitándolo.
Por eso la oración cristiana no consiste en producir sentimientos, sino en permanecer. Permanecer ante Dios, aun en la sequedad, aun en el cansancio, aun cuando no comprendemos nada.
El Espíritu actúa muchas veces en lo escondido. Purifica nuestra manera de buscar a Dios, arranca poco a poco el orgullo espiritual y nos conduce hacia una oración más sencilla, más pobre y más confiada.
Entonces el alma descubre que orar no es tanto decir muchas cosas, como dejarse amar por Dios.
A veces creemos que la oración vale solamente cuando sentimos consuelo. Sin embargo, muchas de las obras más profundas del Espíritu suceden precisamente en la pobreza, cuando seguimos permaneciendo junto al Señor sin apoyarnos en emociones o seguridades.
Poco a poco, el Espíritu ensancha el corazón. Hace crecer el silencio interior, la adoración, la confianza filial. Y el alma aprende lentamente a vivir más desde la presencia de Dios que desde su propia agitación.
Quizá la gran obra del Espíritu sea conducirnos hacia una oración más simple: menos centrada en nosotros mismos y más abierta al amor del Padre.
Preces
— Espíritu de oración, enséñanos a orar.
— Espíritu de adoración, abre nuestro corazón.
— Espíritu consolador, permanece con nosotros.
Oración
Padre misericordioso, que has enviado a nuestros corazones el Espíritu de tu Hijo, concédenos perseverar en la oración, para que toda nuestra vida se convierta en alabanza de tu gloria.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Ven, Espíritu Santo.
«El Espíritu Santo no hace ruido, pero lo transforma todo desde dentro.»
Si esta oración te ayuda, puedes compartirla con alguien que necesite esperanza, paz interior o la fuerza de Dios en este momento.
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