La revolución del silencio - Jacques Philippe
Conferencia sobre el silencio.
Vivimos rodeados de ruido, prisas y opiniones constantes. En esta charla, Jacques Philippe nos invita a redescubrir el valor del silencio como camino de interioridad, de escucha y de reconciliación.
Debajo del vídeo encontrarás la transcripción completa de la charla, para poder seguirla con calma, releerla o meditarla.
Me han pedido que os hable del silencio.Y creo que es cosa buena.
Y me gustaría haceros unas pocas reflexiones que no voy a poder desarrollar mucho, pero espero que eso os invite a reflexionar.
Estamos en un mundo en el que con frecuencia hay mucho ruido, mucha agitación, y creo que para nosotros es muy importante redescubrir el valor del silencio y que, en nuestra vida concreta, implementemos momentos de silencio y de recogimiento.
Al mismo tiempo, nuestra actitud frente al silencio a veces resulta un poco ambigua.
Es algo que deseamos, pero que a la vez tememos.
En algunos momentos tenemos ese deseo de silencio porque en cada uno de nosotros hay una necesidad de tranquilidad, de paz, y creemos que para eso el silencio puede ayudarnos.
Pero, por otro lado, el silencio nos da miedo y nos pone incómodos en algunos momentos.
Nos da miedo el vacío, la soledad. Nos da miedo aburrirnos.
Y, por tanto, el silencio algunas veces nos parece como una amenaza.
También es cierto que en el mundo en el que vivimos hay muchas personas que tienen miedo al silencio.
Y en cuanto hay demasiado silencio, enseguida queremos llenarlo con música, con palabras.
Creo que este temor frente al silencio es tal vez signo de un malestar al que debemos enfrentarnos.
Y primero voy a decir por qué el silencio es importante y por qué es positivo, pero a la vez es como un reto.
¿Por qué es necesario el silencio?
Primer punto: desde un simple punto de vista de higiene mental.
Cuando el cerebro humano se ve sometido a demasiadas informaciones, datos, requerimientos y ruido, ya no es capaz de gestionar todo eso.
Esto puede crear estrés y cansancio.
Para que nuestras capacidades mentales puedan restaurarse, tenemos una necesidad absoluta de momentos de pausa, de momentos de silencio en nuestra vida.
Segundo punto: el silencio nos ayuda a estar en contacto con nosotros mismos, con nuestro corazón profundo y con lo que habita en nuestro corazón.
Tomarnos esos momentos de silencio nos ayuda a escuchar esa voz interior que existe, creo yo, para todas las personas, y que puede orientar nuestra vida de forma muy positiva.
Y si estoy hoy ante vosotros es porque hace dieciocho años, en una semana de retiros y de silencio, algo pasó en el fondo de mi corazón.
Algo sucedió en lo profundo de mi corazón y lo he ido siguiendo.
El silencio también es el lugar de la revelación,
ahí donde una palabra puede ser oída.
Tercer punto: el silencio nos pone en una actitud de receptividad, de escucha.
Y creo que esto es muy importante porque el hombre no solo se realiza por aquello que hace, por aquello que produce, sino que se realiza aún más por aquello que recibe.
Nuestra capacidad para acoger lo real en su riqueza, en su diversidad, en todas sus dimensiones y, en particular, en la dimensión trascendente espiritual.
Silencio y relaciones
Yo pienso que en nuestra cultura moderna hay como una crisis en la relación.
Las relaciones se hacen más complejas, más difíciles.
Y una cosa que a mí me da mucha pena es que uno siente que la relación entre el hombre y la mujer tiene una tendencia a hacerse muy conflictiva.
Y es bueno comprender que el silencio no es ausencia de relación o de comunión.
Al contrario, es lo que la hace posible.
En el silencio, en ese momento en el que yo me callo, puedo acoger al otro en su diversidad, en eso que puede aportarme desde su propio punto de vista con respecto a la vida.
Yo diría que hay como una base de silencio.
Hay un tiempo para la comunicación y para el intercambio,
pero hay un tiempo para la escucha y la acogida.
Otro punto es que me parece que en la cultura de hoy tenemos una gran tendencia a querer tenerlo todo controlado, todo planificado, dominarlo todo.
Pero creo profundamente que la vida no es algo que se planifique.
Aunque hay buenas decisiones que debemos tomar, la vida es más bien algo que acogemos, algo que recibimos.
El hecho de que de vez en cuando nos reservemos tiempos de silencio nos ayuda a esta actitud de receptividad.
Otro punto que me gustaría mencionar también es que, a veces, en este mundo nuestro de hoy, tenemos tendencia a reaccionar de una forma muy inmediata, solamente emotiva o emocional.
Pensamos con frases hechas que nos habitan, y tenemos dificultad para madurar una reflexión.
Madurar una reflexión requiere tiempo.
Y el silencio y el recogimiento son esas actitudes que permiten elaborar un pensamiento que no sea una reacción inmediata, sino un pensamiento que tenga en cuenta todos los aspectos de la realidad, en su riqueza y en su diversidad.
Yo diría que el silencio puede ofrecernos una novedad:
salir de nuestros pequeños circuitos y abrirnos a algo nuevo.
Ese es el lado positivo del silencio.
El silencio tiene que tener su hueco en nuestra vida.
Es absolutamente necesario.
Porque si no nos mantenemos en la superficie de las cosas
y no iremos a la profundidad de lo real, que es más rico de lo que podemos imaginar.
Dicho esto, ¿el silencio es un reto?
El filósofo francés Pascal, que vivió en el siglo XVII, decía:
«Toda la desdicha del hombre viene de una sola cosa: no saber mantenerse en reposo en una habitación y siempre tener necesidad de diversión, distracción».
Hay una parte de relajación y de distracción que puede ser legítima,
a condición de no instalarnos en esa actitud,
porque finalmente huimos de las cuestiones esenciales
y del contacto con nosotros mismos.
Otra dificultad es que, cuando entramos en el silencio, constatamos que hay ruido en nosotros, y a veces mucho ruido.
Nuestros pensamientos, nuestra imaginación, nuestras emociones que van en todos los sentidos:
tristeza, miedo, ira, amargura, etcétera.
Aquí hay un punto más difícil:
no solo practicar un silencio exterior,
sino hallar un silencio interior,
hallar como una paz en nosotros.
Esa paz no la podemos fabricar nosotros mismos.
Muchas cosas pueden ayudarnos a ello.
Pero, tal vez, para vivir esa paz interior, esa calma interior, ese silencio del corazón, creo que necesitamos hallar una fuente de paz, una fuente de reconciliación.
Reconciliarme conmigo mismo, reconciliarnos con nosotros mismos, reconciliarme con los demás, reconciliarme con la vida, reconciliarme con nuestra historia personal.
Aquí tocamos cosas muy profundas.
No voy a dar una respuesta, pero según mi experiencia personal creo que esa fuente existe y que podemos encontrarnos con ella.
Y yo diría que, para hallar y encontrar ese silencio interior, necesitamos encontrarnos con un amor más grande que nosotros, un amor infinito, un amor al que podemos abandonarnos con confianza, entregarnos con confianza, para ese trabajo de reconciliación interior y de silencio en nuestro corazón.
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