DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO Día cuarto

DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO

Día cuarto

El Espíritu reposó sobre Cristo

Invocación

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Ven, Espíritu Santo, unción santa del Padre.
Tú que descendiste sobre Cristo en el Jordán y permaneciste sobre Él,
desciende también sobre nosotros, para que nuestra vida quede transformada por tu presencia.

Palabra de Dios

«Vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él» (Mt 3,16).

Meditación

Jesús vive y actúa en el Espíritu. Toda su existencia está ungida: la oración, los milagros, la compasión, la entrega silenciosa de la cruz.

El Espíritu desciende sobre Él en el Jordán, no porque Jesús necesitara ser purificado, sino para manifestar que toda su misión será conducida por la fuerza de Dios. Desde ese momento, Cristo aparece como el Ungido, el Mesías lleno del Espíritu Santo.

El Evangelio muestra continuamente esta presencia del Espíritu. Es el Espíritu quien conduce a Jesús al desierto, quien sostiene su combate, quien llena de autoridad sus palabras y de ternura sus gestos.

Jesús no vive encerrado en sí mismo. Todo en Él está abierto al Padre. Por eso el Espíritu puede reposar plenamente sobre su humanidad.

También nosotros hemos recibido el Espíritu. En el bautismo y la confirmación, Dios ha marcado nuestra vida con una unción santa. Sin embargo, muchas veces vivimos como si tuviéramos que sostenerlo todo solos.

El Espíritu Santo quiere introducirnos en la misma vida de Cristo. Quiere enseñarnos a mirar, a amar, a servir y a entregarnos como Jesús.

La santidad no consiste solamente en imitar exteriormente a Cristo, sino en dejar que su mismo Espíritu vaya formando en nosotros sus sentimientos.

Poco a poco, con paciencia, Él transforma nuestro corazón duro en un corazón filial. Y entonces empezamos a comprender que la vida cristiana no es solamente esfuerzo moral, sino participación en la vida misma de Dios.

El Espíritu quiere conducirnos hacia una existencia más unificada, más libre, más sencilla. Una vida menos sostenida por la ansiedad y más apoyada en la confianza del Padre.

Allí donde el Espíritu encuentra un corazón disponible, comienza lentamente a aparecer algo de Cristo: su paz, su mansedumbre, su manera de mirar, su amor entregado.

Preces

— Espíritu de Jesús, configura nuestra vida con la suya.
— Espíritu de fortaleza, sostennos en la prueba.
— Espíritu de amor, haznos vivir como hijos.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que ungiste a tu Hijo con la fuerza del Espíritu Santo, concédenos participar de su misma unción, para que demos testimonio del Evangelio con obras y palabras.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Ven, Espíritu Santo.

«El Espíritu Santo no hace ruido, pero lo transforma todo desde dentro.»

Si esta oración te ayuda, puedes compartirla con alguien que necesite esperanza, paz interior o la fuerza de Dios en este momento.

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