DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO Día segundo
DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO
Día segundo
El Espíritu que habló por los profetas
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Ven, Espíritu Santo, voz viva de Dios.
Tú que hablaste por medio de los profetas, sostuviste la esperanza de Israel y mantuviste encendida la promesa,
abre también hoy nuestro corazón para escuchar la Palabra y reconocer tu presencia en nuestra vida.
Palabra de Dios
«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido» (Is 61,1).
Meditación
El Espíritu Santo habla en la historia. No es silencio vacío, sino voz viva de Dios. Inspiró a los profetas, sostuvo la esperanza de Israel y mantuvo encendida la promesa incluso en los tiempos más oscuros.
Los profetas no hablaban solamente del futuro. Miraban la realidad con los ojos de Dios. Por eso podían denunciar la injusticia, consolar al pueblo herido y mantener abierta la esperanza.
También hoy el Espíritu sigue hablando. Habla en la Escritura proclamada en la Iglesia, en la liturgia, en el testimonio de los santos, en la conciencia iluminada, en aquella paz profunda que deja Dios cuando una palabra viene de Él.
Pero su voz no se impone. El Espíritu no compite con el ruido del mundo. Habla suavemente, como una brisa ligera. Por eso muchas veces no lo escuchamos: porque vivimos dispersos, acelerados, llenos de palabras y preocupaciones.
Escuchar al Espíritu exige aprender nuevamente el silencio. No un silencio vacío, sino un silencio habitado, capaz de acoger.
Hay momentos en que una frase del Evangelio, una oración litúrgica o una inspiración sencilla encienden una luz inesperada en el corazón. Entonces comprendemos que Dios sigue hablando, y que el Espíritu continúa conduciendo a su pueblo.
También nosotros necesitamos pedir la gracia de un corazón atento. Un corazón menos endurecido, menos distraído, menos lleno de sí mismo.
Porque muchas veces Dios pasa cerca, pero no sabemos reconocerlo. Y, sin embargo, cuando el Espíritu encuentra un alma disponible, puede abrir caminos nuevos, sostener la esperanza y devolver la paz.
Preces
— Espíritu de verdad, abre nuestros oídos.
— Espíritu de sabiduría, enséñanos a discernir.
— Espíritu de profecía, haznos testigos del Evangelio.
Oración
Dios de nuestros padres, que hablaste por medio de los profetas, derrama sobre nosotros el Espíritu Santo, para que escuchemos hoy tu voz y no endurezcamos el corazón.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Ven, Espíritu Santo.
«El Espíritu Santo no hace ruido, pero lo transforma todo desde dentro.»
Si esta oración te ayuda, puedes compartirla con alguien que necesite esperanza, paz interior o la fuerza de Dios en este momento.
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