DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO Día noveno
DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO
Día noveno
El Espíritu y la misión
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Ven, Espíritu Santo, fuego misionero de la Iglesia.
Tú que abriste las puertas del cenáculo y enviaste a los discípulos al mundo, enciende también hoy nuestro corazón para anunciar a Cristo con alegría y valentía.
Palabra de Dios
«Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos» (Hch 1,8).
Meditación
El Espíritu Santo impulsa siempre hacia la misión. No permite a la Iglesia encerrarse en sí misma. El fuego de Pentecostés abre puertas, rompe miedos y pone a los discípulos nuevamente en camino.
Antes de Pentecostés, los apóstoles estaban encerrados, llenos de incertidumbre y temor. Después de recibir el Espíritu, comienzan a anunciar a Cristo con una libertad nueva.
La misión no nace principalmente de una estrategia, sino de una experiencia. Nadie puede anunciar verdaderamente a Cristo si antes no ha sido tocado por Él.
Por eso evangelizar no es propaganda religiosa. Es el desbordamiento de una vida transformada por el Evangelio. Cuando el Espíritu actúa, el corazón ya no puede guardar solamente para sí el don recibido.
El Espíritu conduce siempre hacia los demás. Hace salir de la comodidad, de la autorreferencia, del miedo a exponerse. Empuja hacia las periferias visibles e invisibles del corazón humano.
A veces pensamos la misión solo en términos de grandes obras. Pero muchas veces el Espíritu evangeliza a través de gestos sencillos: una palabra dicha con caridad, una presencia fiel, una escucha verdadera, una vida coherente.
El mundo no necesita únicamente discursos. Necesita testigos habitados por Dios. Personas en las que todavía sea visible algo del Evangelio.
Y esa fecundidad no viene solo de las capacidades humanas. Nace del Espíritu Santo, que continúa haciendo de la Iglesia un pueblo enviado.
Quizá la gran misión comienza muchas veces en lo pequeño: en la paciencia cotidiana, en el modo de tratar a los demás, en la fidelidad escondida, en la capacidad de sostener esperanza allí donde otros solo ven cansancio.
Cuando el Espíritu Santo habita verdaderamente una vida, algo de Cristo empieza a transparentarse. Y entonces, incluso en medio de la fragilidad, el Evangelio continúa abriéndose camino en el mundo.
Preces
— Espíritu misionero, envíanos al mundo.
— Espíritu de valentía, sostén nuestro testimonio.
— Espíritu de caridad, haznos cercanos a los pobres.
Oración
Oh Dios, que has querido que tu Iglesia sea sacramento universal de salvación, enciende en nosotros el fuego del Espíritu Santo, para que anunciemos con alegría las maravillas de tu amor.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Ven, Espíritu Santo.
«El Espíritu Santo no hace ruido, pero lo transforma todo desde dentro.»
Si esta oración te ayuda, puedes compartirla con alguien que necesite esperanza, paz interior o la fuerza de Dios en este momento.
Comentarios
Publicar un comentario