62. Orar con la liturgia: oración colecta de la Conmemoración de los Fieles Difuntos

Oración colecta:

Escucha con bondad, Señor, nuestras súplicas,
para que, al confesar nuestra fe en tu Hijo
resucitado de entre los muertos,
se afiance también nuestra esperanza
en la futura resurrección de tus siervos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.

Introducción

Esta oración, propia del día en que la Iglesia recuerda con amor a todos los fieles difuntos, es un acto de fe y esperanza en el misterio pascual. Nos dirigimos a un Dios que escucha con bondad, no con distancia, sino con ternura y compasión. Nuestra oración no se pierde en el vacío: llega al corazón del Padre que ha vencido la muerte en su Hijo.

El centro de la colecta es una confesión de fe: creemos en Jesucristo resucitado de entre los muertos. Esa fe no es solo un recuerdo del pasado, sino una certeza viva que ilumina el presente y sostiene la esperanza del futuro.
De esa fe brota la esperanza en la resurrección de nuestros hermanos difuntos. No esperamos una repetición de esta vida, sino la plenitud de la comunión con Dios y con todos los santos.

En esta oración, la fe y la esperanza se entrelazan: la fe confiesa lo que Dios ha hecho, la esperanza se apoya en lo que Dios promete. Ambas se expresan en el amor que ora por los difuntos, sabiendo que la muerte no rompe los lazos del Cuerpo de Cristo.

1. Invocación inicial

Señor lleno de bondad y misericordia,
escucha nuestras súplicas por quienes han partido de este mundo.
Fortalece nuestra fe en tu Hijo resucitado
y haz firme nuestra esperanza
en la resurrección de todos los que duermen en Ti.
Que el amor que nos une aquí en la tierra
permanezca vivo más allá de la muerte.
Amén.

2. Escucha y meditación de la oración colecta

“Escucha con bondad, Señor, nuestras súplicas…”
Orar por los difuntos es un acto de confianza: creemos que Dios acoge nuestras súplicas con bondad. Su misericordia no tiene fronteras, y su amor llega más allá de la muerte. Pedimos con humildad, sabiendo que su bondad es más grande que todo juicio humano.

  • ¿Cómo vivo la oración por mis difuntos: como un recuerdo, o como un acto de fe en la misericordia de Dios?

  • ¿Confío en que el Señor escucha con amor todo lo que elevo en favor de los que amo?

“…para que, al confesar nuestra fe en tu Hijo resucitado de entre los muertos…”
Confesar la fe es proclamar con el corazón y con los labios que Jesús ha vencido la muerte. Su resurrección no es una idea, sino una realidad que cambia la historia: Cristo vive, y en Él todos viviremos. Esta confesión no es solo litúrgica, sino existencial: vivimos porque Él vive.

  • ¿Qué lugar ocupa la fe en la resurrección en mi vida cotidiana?

  • ¿Vivo como alguien que ha sido rescatado del poder de la muerte?

“…se afiance también nuestra esperanza en la futura resurrección de tus siervos.”
La esperanza es la virtud del creyente que mira más allá del horizonte visible. Pedimos que se “afiance”, que se haga sólida, firme frente al dolor y la pérdida. No negamos la tristeza, pero la habitamos con esperanza, sabiendo que nuestros hermanos difuntos están en manos de un Dios que es vida.

  • ¿Mi esperanza se apoya en las promesas de Dios o en mis sentimientos?

  • ¿Creo de verdad que volveré a encontrar, en Cristo, a quienes han muerto en su amor?

3. Oración personal

Señor Jesús,
tú que venciste la muerte y abriste para nosotros las puertas de la vida,
fortalece mi fe en tu resurrección.
Que mi esperanza no vacile ante el misterio de la muerte,
sino que se apoye en tu palabra fiel.
Recibe en tu paz a todos los que han partido,
purifícalos con tu amor
y haz que un día nos reencontremos contigo
en la alegría eterna del Reino.
Amén.

4. Contemplación

Contemplemos un amanecer. La noche se retira poco a poco, y la luz comienza a llenar el horizonte. Así es la resurrección: la aurora que disipa la oscuridad de la muerte.
Cristo es ese sol que ya ha salido, y nosotros, mientras esperamos su plena luz, vivimos en la esperanza.
En silencio, dejemos que esta imagen hable al corazón: la muerte no es el final, sino la puerta hacia el día sin ocaso. Los que amamos no se han perdido; están ya en el horizonte de la luz de Cristo, esperando con nosotros la plenitud de la resurrección.

5. Compromiso

  • Repetir durante el día: “Señor, en Ti confío: tú eres la resurrección y la vida.”

  • Orar especialmente por los difuntos de la propia familia, del mundo y de los olvidados.

  • Participar en la Eucaristía o en una visita al cementerio con espíritu de fe y esperanza.

  • Cultivar la esperanza en la vida eterna, transformando el dolor en intercesión y gratitud.

Oración final

Escucha con bondad, Señor, nuestras súplicas,
para que, al confesar nuestra fe en tu Hijo
resucitado de entre los muertos,
se afiance también nuestra esperanza
en la futura resurrección de tus siervos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.


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