64. Orar con la liturgia: oración colecta del Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
Oración colecta:
Concédenos, Señor, Dios nuestro, alegrarnos siempre en tu servicio,
porque en dedicarnos a ti, autor de todos los bienes,
consiste la felicidad completa y verdadera.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
Introducción
Esta colecta nos invita a mirar el servicio a Dios no como una obligación, sino como una fuente de alegría y plenitud. Al acercarse el final del año litúrgico, la Iglesia nos recuerda cuál es el sentido último de la vida: servir al Señor con gozo, porque en Él se encuentra la felicidad que no pasa.
El texto proclama una verdad luminosa: Dios es el autor de todos los bienes, y por eso dedicarse a Él no empobrece, sino que colma. Todo lo bueno, bello y verdadero proviene de su amor creador. Cuando orientamos nuestra vida hacia Él, todo adquiere sentido; cuando nos alejamos, hasta las cosas más bellas se vacían.
La alegría cristiana no brota de poseer o lograr, sino de pertenecer: de sabernos de Dios y vivir para Él. Servirle con amor es participar ya desde ahora en la dicha eterna de su Reino.
1. Invocación inicial
Señor, Dios nuestro,
fuente de todo bien y alegría,
haz que mi corazón encuentre gozo en servirte.
Que no busque mi felicidad en lo pasajero,
sino en entregarme a Ti con amor fiel.
Tú, que eres el autor de todos los bienes,
llena mi vida con tu presencia,
y hazme gustar la dicha de pertenecer a Ti.
Amén.
2. Escucha y meditación de la oración colecta
“Concédenos, Señor, Dios nuestro, alegrarnos siempre en tu servicio…”
El servicio a Dios es el camino hacia la alegría duradera. No se trata de un deber pesado, sino de una comunión amorosa. Servir a Dios con alegría es reconocer que nuestra vida tiene sentido en su entrega. La verdadera alegría nace del amor que se dona.
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¿Vivo el servicio al Señor como alegría o como carga?
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¿Busco en el servicio mi realización personal o la gloria de Dios?
“…porque en dedicarnos a ti, autor de todos los bienes…”
Todo lo bueno procede de Dios. Dedicarnos a Él es volver a la fuente. Quien vive orientado hacia Dios, vive en armonía con el bien, con la verdad y con la belleza. La entrega no nos quita nada: nos devuelve a lo que somos en plenitud, hijos amados del Padre.
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¿Reconozco que todo bien que poseo es don de Dios?
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¿Dedico tiempo, talentos y esfuerzos a Aquel que me los ha concedido?
“…consiste la felicidad completa y verdadera.”
La felicidad no está en el éxito, la abundancia o el reconocimiento, sino en la comunión con Dios. Solo quien vive para Él conoce la alegría que no depende de las circunstancias. El servicio amoroso es la forma concreta de vivir esa felicidad aquí y ahora.
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¿En qué busco mi felicidad?
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¿Creo de verdad que servir a Dios es la fuente de la dicha plena?
3. Oración personal
Señor,
tú eres el autor de todos los bienes y el origen de toda alegría.
Haz que mi vida sea servicio alegre y amoroso,
ofrenda constante de gratitud.
Líbrame de buscar mi felicidad en lo efímero,
y enséñame a hallarla en el don sincero de mí mismo.
Que cada gesto de servicio sea alabanza a tu nombre,
y que mi corazón, unido al tuyo,
viva en la alegría de tu Reino.
Amén.
4. Contemplación
Imaginemos un río que fluye desde su fuente clara. Allí donde el agua se separa de la corriente, se estanca y se enturbia; pero donde permanece unida al cauce, corre limpia y viva.
Así es nuestra vida cuando permanece en Dios: fluye con sentido, da vida, alegra y fecunda.
Servir a Dios es permanecer en su corriente de amor, dejar que su bien nos atraviese para llegar a los demás.
En silencio, contemplemos ese río interior y pidamos permanecer siempre en la fuente del Bien.
5. Compromiso
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Repetir durante el día: “Señor, mi alegría está en servirte.”
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Realizar un acto de servicio gratuito y oculto, sin esperar reconocimiento.
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Agradecer explícitamente a Dios los bienes que Él ha puesto en la propia vida.
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Buscar momentos de oración que renueven la alegría interior del servicio.
Oración final
Concédenos, Señor, Dios nuestro,
alegrarnos siempre en tu servicio,
porque en dedicarnos a Ti,
autor de todos los bienes,
consiste la felicidad completa y verdadera.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
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