63. Orar con la liturgia: oración colecta de la Solemnidad de Nuestra Señora de la Almudena
Oración colecta:
Señor, Dios nuestro,
que has concedido a tu pueblo la protección maternal
de la siempre Virgen María, Madre de tu Hijo;
concédenos, por su intercesión,
entregarnos fielmente a tu servicio
y proclamar la gloria de tu nombre
con testimonio de palabra y de vida.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Introducción
En esta solemnidad de Nuestra Señora de la Almudena, patrona de Madrid, la Iglesia nos invita a mirar a María como Madre y Protectora, pero también como modelo de discípula fiel y misionera.
La oración colecta expresa una doble dimensión del amor mariano: la protección maternal que acoge y custodia, y la intercesión activa que nos impulsa a servir a Dios y anunciar su gloria.
María no solo nos ampara: nos enseña a vivir en fidelidad y entrega, como ella, que dijo “sí” sin reservas y sirvió a Dios en todo. Quien se acoge a su protección, aprende a vivir con la misma fe, la misma obediencia y el mismo amor.
Así, esta oración es una escuela de discipulado: bajo la mirada de María, aprendemos a servir con alegría, a proclamar el nombre de Dios con nuestra vida, y a dejar que Él actúe en nosotros para bien de todos.
1. Invocación inicial
Señor, Dios nuestro,
que nos has dado como Madre y Protectora
a la Virgen María,
bajo la advocación de Nuestra Señora de la Almudena,
acógenos bajo su manto y enséñanos, por su ejemplo,
a servirte con fidelidad
y a proclamar tu gloria con la vida y la palabra.
Haz que, siguiendo sus pasos,
nuestra fe se haga alegre, activa y generosa.
Amén.
2. Escucha y meditación de la oración colecta
“Señor, Dios nuestro, que has concedido a tu pueblo la protección maternal de la siempre Virgen María, Madre de tu Hijo…”
Dios no quiso que camináramos solos. En su amor nos regaló una Madre que protege con ternura y guía con sabiduría. La “protección maternal” de María no es solo amparo en la dificultad: es presencia constante que acompaña, consuela y orienta hacia Cristo.
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¿Me dejo cuidar y conducir por la Madre que Dios me ha dado?
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¿Vivo mi relación con María como confianza filial o como simple devoción externa?
“…concédenos, por su intercesión, entregarnos fielmente a tu servicio…”
María no guarda para sí su favor: intercede por nosotros ante su Hijo, para que aprendamos a servir como ella. Su intercesión transforma la gracia recibida en disponibilidad concreta. Servir fielmente es vivir atentos a la voluntad de Dios, con prontitud y perseverancia.
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¿Busco el servicio de Dios en lo pequeño de cada día?
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¿Dejo que la intercesión de María fortalezca mi fidelidad y constancia en el bien?
“…y proclamar la gloria de tu nombre con testimonio de palabra y de vida.”
El verdadero discípulo no solo cree: también anuncia. La gloria de Dios se proclama con los labios, pero sobre todo con el testimonio. María glorificó a Dios no solo en el Magníficat, sino en su vida entera, humilde y fecunda. En ella, palabra y vida fueron una sola alabanza.
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¿Proclamo la gloria de Dios con mis palabras y con mis obras?
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¿Refleja mi vida la alegría de quien vive bajo la protección de María?
3. Oración personal
Madre de la Almudena,
bajo tu amparo pongo mi vida y mi camino.
Enséñame a escuchar la voz de Dios
y a responder con fe como tú.
Intercede por mí para que viva en fidelidad,
sirviendo con alegría y sencillez.
Que mi palabra y mi vida proclamen la gloria del Señor
y que mi corazón sea morada de su amor.
Amén.
4. Contemplación
Contemplemos a María como torre y refugio en medio de la ciudad.
Su imagen, que custodia Madrid, recuerda la presencia de una Madre que vela día y noche por sus hijos.
Bajo su mirada, cada calle y cada hogar pueden convertirse en lugar de encuentro con Dios.
Imaginemos a María extendiendo su manto sobre el pueblo: acoge, protege, bendice, impulsa.
En silencio, dejemos que su ternura despierte en nosotros el deseo de servir, de amar y de glorificar a Dios con toda la vida.
5. Compromiso
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Repetir durante el día: “María, Madre y Señora de la Almudena, enséñame a servir con amor.”
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Ofrecer un acto concreto de servicio o reconciliación como signo de fidelidad a Dios.
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Dar testimonio público de la fe, con una palabra de consuelo o esperanza a alguien necesitado.
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Renovar la devoción a María con una oración o visita a una imagen suya, confiando bajo su manto a la Archidiócesis y a sus familias.
Oración final
Señor, Dios nuestro,
que has concedido a tu pueblo la protección maternal
de la siempre Virgen María, Madre de tu Hijo,
concédenos, por su intercesión,
entregarnos fielmente a tu servicio
y proclamar la gloria de tu nombre
con testimonio de palabra y de vida.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.
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